Además de los aspectos estéticos que harán más gratos los momentos que pases en ella en compañía de tus seres queridos, a la hora de reformar la cocina debes tener en cuenta que esta es, ante todo, un lugar de trabajo. Para que las tareas habituales que vas a llevar a cabo en la misma resulten cómodas y sencillas de realizar, además de seguras, necesitas planificar la distribución de mobiliario y electromésticos antes de embarcarte en la reforma, una planificación que te resultará mucho más sencilla conociendo la estructura básica y la distribución en zonas principales común a todas las cocinas, sea cual sea el estilo que elijas para ella.

¿Te seduce la elegante funcionalidad de una cocina de estilo moderno? ¿Prefieres tal vez la calidez del rústico? ¿O te rendirías al romanticismo de una cocina de claro estilo vintage? Si ha llegado la hora de hacer realidad la cocina de tus sueños podemos indicarte unos consejos muy prácticos que deberías tener en cuenta a la hora de reformar la que tienes actualmente, ya que, si bien tus elecciones entre una gran variedad de estilos es lo que la convertirá en única, todas las cocinas, incluida la tuya, deberían cumplir una serie de requisitos.

No olvides que, además de ese lugar de reunión y entrañables comidas con la familia, de cenas íntimas con los amigos o de agradables desayunos de domingo con taza de café y periódico, tu cocina es antes de todo un lugar de trabajo. Aprovecha la reforma para sacarle el máximo partido haciéndola más eficiente y productiva.

Todo el tiempo y concentración que dediques a planificar la distribución de espacios y elementos estará bien invertido, porque posteriormente esto va a facilitarte notablemente tanto el almacenaje del menaje y los alimentos como la rapidez y comodidad en las tareas de preparación y limpieza.

La estructura básica es común en todas las cocinas, ya que en toda cocina existen, casi por definición, estas tres zonas: una de almacenaje (aquí se ubicaría el frigorífico), una zona caliente, donde estaría la placa de cocción y el horno, y la zona de lavado, donde se ubicarían el fregadero y lavavajillas. Estas tres zonas deben estar lo suficientemente cerca una de otra para optimizar la comodidad y rapidez en la preparación y limpieza de los alimentos y del menaje, ahorrándote esfuerzos y pasos innecesarios, pero al mismo tiempo lo suficientemente alejadas para que no se entorpezcan o dificulten las funciones de cada una en detrimento de las otras.

Por ejemplo, te desaconsejamos la instalación de un horno o de una vitrocerámica contiguos a un frigorífico o congelador, ya que el calor residual de los primeros entorpece la eficiencia de estos últimos, requiriendo más energía para conseguir la temperatura de frío seleccionada. Tampoco es aconsejable que coloques el lavavajillas en un lugar alejado del fregadero, porque antes de meter los platos al lavavajillas es necesario enjuagarlos, con el consiguiente goteo de estos, por lo que una ubicación distante entre ambos elementos te llevaría a ensuciar continuamente el suelo y la encimera, con la incomodidad y el trabajo añadido que ello conlleva.

Situar la vitrocerámica al comienzo o final de la pared, o al lado de un mueble columna, sería otra elección equivocada por tu parte, ya que las asas de sartenes y ollas tropezarán –no lo dudes– y dificultarán la ubicación correcta de estas en los fuegos. Y si tienes una ventana abatible evita colocar el fregadero justo delante, ya que con toda seguridad el grifo te impedirá abrirla y cerrarla; si bien existe la solución de instalar un grifo asimismo abatible, este es por lo general más caro e incómodo.

Este es el tipo de cuestiones –piensa en ellas y añade otras que se deriven de tus propios hábitos personales– cuya resolución por adelantado te será de suma ayuda, no solo en el uso habitual que vas a dar a tu nueva cocina, sino a la hora de plantear el proyecto de reforma de la misma. Los profesionales encargados de materializar el proyecto (albañil, electricista, fontanero, carpintero, etc.) han de tener en cuenta la disposición del mobiliario y electrodomésticos para que la colocación de todos los elementos –tomas de corriente, tomas de agua, desagüe, chup de la campana extractora, enchufes, etc.– sea la correcta y no surjan modificaciones inesperadas y no deseadas del acabado final.

Como en todos los casos en los que se requieren diversas disciplinas profesionales para una reforma, también en la de la cocina es recomendable confiar el proyecto a una empresa de trabajo integral, ya que será ésta la encargada de aunar criterios y adjudicar responsabilidades entre los distintos profesionales implicados, asegurándose de que tu nueva cocina sea hasta el último detalle la elegida por ti. Una empresa de confianza garantizará que tu cocina, además de un lugar agradable, sea un lugar seguro. Piensa que, desde la Administración a los fabricantes de electrodomésticos –y también los seguros de hogar– contemplan una serie de requisitos de seguridad (distancias mínimas entre una vitrocerámica y un calentador de agua, ubicación correcta de chup de respiración cuando haya una instalación de gas, etc.) que un buen profesional está obligado a conocer y respetar a la hora de la instalación.

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Elegir bien los materiales

Los materiales que elijas para tu nueva cocina definirán la estética de la misma, pero también deben aportar comodidad a la hora de su mantenimiento y la resistencia necesaria para soportar su uso continuado y el paso del tiempo.

Es fundamental que tengas en cuenta los dos aspectos –estética y seguridad– para hacer una buena elección del suelo, ya que la cocina es una zona proclive a los accidentes. Por ejemplo, es habitual que se derramen líquidos accidentalmente, lo que puede provocar más de un resbalón; por ello te aconsejamos que elijas un suelo antideslizante, al menos en la zona de trabajo en caso de tener otra zona claramente separada de oficce. Además debería ser de un material que no se manche o deteriore con facilidad, de modo que tanto en el suelo como en la encimera no te recomendaríamos el mármol o la madera por ser materiales porosos y altamente degradables (una simple gota de limón sobre el mármol corroe el brillo y lo mancha para siempre).

Para la encimera o los frentes de pared existe una gama prácticamente ilimitada de texturas, colores y precios en piedra artificial (Silestone). Es un material, además de versátil y de fácil mantenimiento, altamente resistente a las manchas y arañazos. En caso de decidirte por él, sólo tienes que tener en cuenta una mínima precaución a la hora de exponerlo a una temperatura inusualmente alta, ya que el cambio brusco de temperaturas intensas puede hacer que la piedra se resquebraje.

En cuanto al mobiliario, huye de las puertas de madera maciza: en una cocina resulta más resistente una puerta contrachapada, o de otros materiales como el PVC, el acero, etc. La madera es un material vivo que puede sufrir alteraciones no deseadas con los cambios de temperatura (habituales en una cocina): grietas, tendencia a combarse, desprendimientos de resina si no ha sido bien curada, etc. Ten en cuenta además, al planificar el mobiliario de tu cocina, que la elección de módulos en tamaños estándar optimizará el precio de los mismos, frente a los de medidas especiales que supondrán siempre un mayor coste.

Y no olvides que el necesario toque final para un acabado de calidad, tanto en el aspecto estético como en la eficiencia y seguridad de las que vas a disfrutar, lo determinará un montaje perfecto de los muebles.